Un perro que llevaba
un hueso en la boca se asomó a una
laguna y vio su propia imagen
reflejada en el agua, pero no se
dio cuenta de que se estaba mirando a
sí mismo.
"Ese perro", pensó, "lleva un hueso más grande que el mío. Y
con más carne.¡Ojalá se lo puediese quitar! Voy a ladrarle, y se
le
caerá de la boca". Pero cuando el perro abrió la boca para
ladrar, el hueso se le cayó al fondo de la laguna, así que aquel
día se
quedó sin comer.
¿Cuál será la moraleja?